Johan Cruyff : "20 o 30 tíos en un vestuario... acaban siempre oliendo si tu mandas o no mandas como entrenador". (Descanse en paz)

Ha muerto Johan Cruyff. 68 años. No es edad para morirse. Pero el cáncer no perdona. Ni a los grandes entre los grande, como Johan lo era. En todo lo que fue en el Fútbol, donde lo fue todo. Y siempre genial. Jugando, entrenando, ideando, planificando. Posiblemente nada de lo que hoy es al Barcelona... habría sido si un día no llegase a la Ciudad Condal este holandés "volador", genio entre los genios, que Cruyff siempre fue.

Si su desembarco en el Barcelona como jugador fue una revolución y un continuado acontecimiento de masas, su otro desembarco, posterior -como entrenador-, fue algo màgico, con aquel dream-team fabuloso que tantos nos hizo disfrutar como aficionados al balompié. 

Cuando como jugador Cruyff hizo maravillas (corría cuando había que correr, paraba en seco las jugadas cuando había que pararlas), los que tuvimos la suerte de vivir aquel tiempo nos frotábamos los ojos muchas veces, como despertándonos de lo que parecía un sueño, que aquel holandés que había llegado de la mano de Cor Coster y Marinus Michels dictase cada fin de semana lecciones de un fútbol super-brillante, renovado, mejorado, modernizado, en los terrenos de juego de la piel de toro. Los que entonces vivíamos el fútbol más o menos de cerca, aunque no fuésemos del Barça, desde luego que éramos de Cruyff; indiscutiblemente.

Y si Cruyff renovó el fútbol como jugador, junto a aquella legión de la selección holandesa que admiró medio Mundo, no hay duda que otro tanto hizo una vez que se puso la chaqueta de entrenador. Si como jugador sacó al Barcelona de la fosa en la que estaba sumido, como entrenador hizo tres cuartos de lo mismo. Y lo más importante, creó un estilo, un modo de hacer las cosas, un camino del que -aconsejó- el Barcelona no debía desviarse. Y ha sido ese camino el que al Barça tanto le ha dado en los últimos años, pero empezando ya por el desempeño de Johan como técnico que cambió la historia del cuadro azulgrana.

Cruyff se ha sido físicamente. Pero estaba instalado ya desde hace tiempo en la eternidad de los inolvidables, de los grandes que marcaron una época como jugador, otra época como entrenador. Y esto es mucho; ciertamente. 
Lamentamos hoy, lloramos incluso, el final de una vida, la de un personaje tan querido. Pero sabemos positivamente que Johan jamás será olvidado. Un hombre universal, que supo amar su tierra de origen, pero también su tierra de adopción, en este caso Catalunya. Nació allá, entre tulipanes. Murió aquí, cerca del Mediterráneo que cantó Serrat. 
Descanse en Paz ese cuerpo que encarnó a un genio. Su espíritu seguirá siempre con nosotros, su grandeza jamás será ignorada; su trayectoria es y será ejemplo a seguir.

"...Ay, si un día para mi mal
viene a buscarme la parca.
empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo...
En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte.
quiero tener buena vista.
mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista..."